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dimarts, 8 de novembre de 2011

Las crónicas de la señorita Hempel

Beatrice Hempel, recién licenciada, da clases en un colegio privado estadounidense. Quizás debería establecer mayor distancia con sus alumnos pero no puede. No es protocolaria: es cercana y resuelta.


Consigue involucrar a sus alumnos en su propia educación. En lugar de ver a los chicos como recipientes vacíos que hay que ir llenando y de permitir que ellos se sientan como ganado hipnotizado, la señorita Hempel aprende cada día a ser maestra escuchando, observando y comprendiéndoles. También es verdad que al final no sabe quién aprende de quién o mejor dicho, desaprende. Mientras sus alumnos utilizan expresiones como "estar furibundo" o "ser irremediable", ella se pinta las uñas de azul celeste, comete faltas de ortografía y se expresa usando muletillas propias de adolescentes. Es una "guerra" en la que ella se encuentra en clara desventaja.

Siendo profesora de gramática les permite decir palabrotas en clase; es incapaz de enfadarse cuando alguien se tira un pedo, al contrario, le entra la risa; les permite preguntas directas y personales en la hora de educación sexual; le regalan ratas para su mascota, una boa constrictor llamada Márquez... Sin duda es una profesora claramente inusual.

Esta noche hay función en la escuela y Adelaide es la primera en actuar. Tiene una gran sensibilidad para el baile. Se ha hecho su propio vestido y también se ha encargado de la coreografía. La señorita Hempel está nerviosa, no se atreve a mirar por si algo va mal. Luego le toca el turno a Harriet que tiene preparado un truco de magia, Edward tocará el diyiridú... Saldrá todo bien, seguro.

Las crónicas de la señorita Hempel son ocho relatos. Relatos del día a día en la escuela y fuera de ella, de cuando era pequeña y jugaba con su hermano al juego del Criado, de como su padre la recogía en coche para llevarla a casa, de cuando descubrió la música rock, de su prometido Amit, de su reciente embarazo... De como sin darse cuenta la enseñanza la atrapó. Con una gran habilidad en las descripciones de los personajes y las situaciones, esta sencilla historia contiene la justa medida de frescura, nostalgia, tristeza y ternura que hace de este libro una lectura más que recomendable.


Cèlia, de Laie Pau Claris