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dijous, 3 de gener de 2013

Persiguiendo el Sol. La historia épica del astro que nos da la vida




Por estas fechas, en las que la simbología repite en la zona cristiana el seguimiento de una estrella indicadora, nos gustaría recomendar el libro de Richard Cohen, Persiguiendo el Sol. La historia épica del astro que nos dala vida



un volumen de más de 700 páginas que contiene un montón de historias sobre la relación de los hombres con la estrella más cercana, fuente de alegría, vida, canciones y enfermedades.

Ya el libro anterior del autor, una historia de la espada y la esgrima (Blandir la espada, que publicó Destino en 2003), tuvo reseñas excelentes, y este último, publicado por Turner, aborda por sus diferentes caras toda la narratividad que la lejanía y cercanía de ese astro ha generado, desde la antigüedad a nuestros días.

Recientemente, en Italia apareció un gran tomo de Piero Boitani, titulado Il granderacconto delle stelle, donde se refleja perfectamente esa pulsión narrativa que inspiran las luces lejanas y regulares de los astros estelares.

Un capítulo del libro de Cohen habla del Sol en la literatura. Documenta, además, las hipótesis científicas, la plasmación artística, la potencia simbólica y no huye de la fatídica conclusión decimonónica en su último capítulo: «La muerte del sol». Curiosamente, ese era el título del primer libro del filósofo siciliano Manlio Sgalambro, publicado en 1982 en la Adelphi de Calasso, donde daba cuenta de la gran crisis de sentido que originó el conocimiento de la finitud solar a finales del siglo XIX. Así como le Roi había visto su cabeza rodar en Paris un siglo antes, el Astro Rey había recibido, como diría Martin Amis, La Información: pese a que uno de los libros más pesimistas de la Biblia afirmaba que no hay nada nuevo bajo el Sol, el mismo Sol tenía programada su obsolescencia, como tantos gadgets de nuestra modernidad.

De tan fúnebre perspectiva podemos alejarnos viendo la fertilidad espectacular de un universo local regido por ese sol: una fábrica exuberante de tallos, flores, hojas y ojos, y miles de reflejos en los cristales de la nieve y el agua, y en los de humana fábrica, todos los colores de los guacamayos más policromados, etc., la variedad y el psicodrama de las estaciones, allí donde existen.... Feliz año nuevo —bajo el sol— y buena lectura.

José, de Laie Pau Claris