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dimecres, 6 de febrer de 2013

El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati



 

Dino Buzzati nos ofrece múltiples lecturas de la magnífica novela El desierto de los tártaros. Se trata de una obra intimista, profunda, reflexiva, pero sobre todo fascinante.






Cuenta la historia del oficial Giovanni Drogo que recibe su primer nombramiento para acudir a la Fortaleza Bastiani. En aquel lugar desconocido iniciará su carrera militar.

Drogo emprende el viaje hacia su nueva vida cargado de la inocencia necesaria que le impide imaginar lo que ahí le espera. El camino del viaje parece interminable, es incierto, duro y sombrío. Tras muchas horas se encuentra con el coronel Ortíz, que le dará información sesgada sobre la vida en la Fortaleza. Le explica que ahora es una guarnición de menor importancia, limítrofe con el desierto de los tártaros, pueblos enemigos del norte, a los que desde hace muchísimos años no se les ve, y que antiguamente pertenecer a la Fortaleza Bastiani representaba un honor, pero ahora, a pesar de todo, seguía siendo un puesto de frontera. 


 

La vida dentro del bastión es sumamente dura, no hay concesiones.



Giovanni está decidido a pedir su traslado en cuanto sea posible.





Cuatro meses más tarde, la cotidianidad ha dominado su vida. Prefiere no marcharse, oculto detrás de un supuesto sentimiento heroico. Los hábitos lo atrapan en una tela de araña formada por vagos sentimentalismos. Hasta podría decirse que por momentos saborea la felicidad de la renuncia a los pequeños placeres de la vida civil, el amargor de la vida espartana le hincha el pecho de satisfacción, convenciéndolo de su superioridad sobre los otros que apresurados buscaron salir de la Fortaleza. Se considera dueño de un destino privilegiado para el cuál no es necesario esforzarse. Simplemente hay que esperar, aparecerá de pronto, y ahí estará él, para recibir las mieles de la vida. Alguna vez lo asaltaban temores, pero siempre apartaba esos pensamientos; incluso en algunas ocasiones presintió la llegada inmediata de su sino, que lo encumbraría por encima de todos los demás hombres.

Como en las tragedias clásicas, al hombre con un destino equivocado cegado por la soberbia los dioses lo castigan sin piedad hasta las últimas consecuencias. A modo de “coro griego” los elementos externos describen el estado de ánimo y los sentimientos de los que viven aislados en aquella fortaleza.

Desde el primer momento el autor va apuntando lo que será el destino de Drogo mediante elementos externos, por ejemplo, cuando estrena el uniforme de sargento no descubre en su cara la alegría que esperaba encontrar. Los paisajes son desolados, apocalípticos, casi místicos, y no hay concesiones para el bienestar. Tampoco existen escenas felices, ni alegres, todo es rigor militar llevado al máximo extremo, que por momentos roza el absurdo.

Estos elementos hacen que la crítica coloque su obra en la misma línea de Kafka. Siempre hay un inocente solitario que es víctima del sistema. Ciudadanos K. De planteamiento kafkiano, El desierto de los tártaros analiza en profundidad el tema de la postergación, el aplazamiento, la pasividad existencial del individuo que no reconoce la llegada del futuro, estancado en la comodidad que le brinda la vida rutinaria y mediocre.

Con un estilo cargado de simbolismo y metáforas, en ocasiones a través de la adjetivación, el lector percibe la opresión que el personaje debería sentir.

La considero de lectura imprescindible, y por supuesto muy recomendada. Esta obra quizá encuentre lectores reacios, pero ya se sabe que siempre lo bueno requiere mayor esfuerzo, y si no, que Drogo les explique sus miserias... 

Laura, del Club de Lectura Laie