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dijous, 2 de maig de 2013

La nueva novela de James Salter



 
Hace unos días, Antonio Muñoz Molina nos hablaba de su descubrimiento y fascinación por el escritor estadounidense James Salter, asegurando que no había leído nada ni conocía nada de él hasta hace unas semanas.




Es muy curioso que decida hablar de eso justo cuando el escritor, que en 2015 cumplirá los 90 años, acaba de publicar en Estados Unidos su última novela, All that is, la cual ha recibido buenas críticas en los diarios, incluido un perfil en el New Yorker titulado "The last book". Ni qué decir que hace días que la tenemos en la librería.

Pero Muñoz Molina no menciona esa publicación reciente, y todo el ruido a su alrededor. Justo cuando otro octogenario, Roth, ha escenificado su salida del escenario de la Literatura, en varias entrevistas se da a entender que será la última novela de Salter, cuestión que no sé si es parte del marketing o de la sociología periodística sobre los viejos novelistas. En todo caso quedaría confirmado por el mismo autor, en una entrevista sobre esta novela y su obra, Ziolkowski le dice: "En el corazón de su obra hay una celebración de la experiencia, un amor por la plenitud de la vida tal como es". Y Salter, con su concisión característica responde: "Es tremendo: este mundo, esta vida: tómalos mientras estés aquí". Y acto seguida, el entrevistador le dice: "¿En qué está trabajando? ¿Qué será lo siguiente? y Salter, riendo, le espeta: "¿Estás de broma?¿Crees que va a haber algo más? Querido, vamos a almorzar".

Lo que sí habla Muñoz Molina y estamos totalmente de acuerdo es de la belleza de la novela Años luz (1975) y de los cuentos de Last night (2005). De la primera hay una edición en El Aleph en 1999, que seguramente está ya agotada, y los cuentos los editó la siempre atenta Salamandra en 2006. Muñoz Molina habla del cuento homónimo como uno de esos "que uno da a leer de inmediato a la persona querida, urgiéndole a dejar cualquier tarea". (Me recuerda a Hemingway a mediados de los 50, leyendo el cuento de Cheever "The country husband", aquel que acaba con reyes dorados montando elefantes en las montañas, y despertando a su mujer para que lo leyera).

Esa vivencia de lector ("corta el aliento", "descarga eléctrica" "estado de vehemencia parecido a la fiebre", “estilo sigiloso, como lente poderosa y limpísima") llevó a mucha gente a la librería, y se vendieron todos los que teníamos, tanto en inglés como en castellano. Ya el verano pasado, en el libro de Anagrama de Richard Ford, Floresen las grietas, estaba incluida su introducción a Años luz (ps. 147-159). Allí Ford dice: "No hay intuición tan penetrante para los detalles del mundo y su nada obvia problemática emocional, ni mirada tan perspicaz para nuestra frágil naturaleza humana, como las de James Salter, tanta información e imaginación con tanta belleza y exuberancia". De la novela opina: "Aunque es una novela estimulante y fecunda sobre la confusión humana nunca, ni por un instante, es difícil o engañosa. Al contrario, siempre es de una belleza incitadora y seductora. Me recuerda las fotos de New Orleans tras el huracán: belleza que emana del corazón del desastre".

Añade además que Salter está en el Hall of Fame de la literatura sobre sexo, ya en una de sus primeras obras A sport and a pastime, daba buena muestra de ello, también en esta última. Una adolescente le recriminaría las desilusiones posteriores al comparar aquellas descripciones con la cosa real. "Al menos tuviste el listón alto", fue la respuesta del escritor. También dice Ford que Salter es el gran maestro del "no registrado zumbido de la implicación", "lo que perdemos de la vida cuando el tiempo ha convertido nuestro presente en polvo del pasado y sólo deja atrás silencio y melancolía".

También son muy buenas sus memorias, Quemar los días (Salamandra) o su novela sobre montaña En solitario (el Aleph), de la que muchos alpinistas opinan que es una de las mejores descripciones del enfrentamiento de un cuerpo humano con la colosalidad de la montaña. Un escritor vivo a reivindicar, y a reeditar, claro...

José, de Laie Pau Claris