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dijous, 7 de novembre de 2013

La emergencia de los libros enormes



http://www.laie.es/busqueda/listaLibros.php?keywords=walter+benjamin&tipoArticulo=

El libro electrónico ha sido una bendición para las articulaciones de muchas muñecas: la conjunción mano y libro de 1.000 páginas era un desastre para la sujeción ósea. 




Por suerte, muchos libros grandes no son para llevarlos en los transportes públicos sino para irlos desgranando en casa, de tanta sabiduría y horas de placer que prometen.

Abada acaba de publicar el primer volumen del Libro de los Pasajes de WalterBenjamin, 850 páginas (41 euros). Imagino que el segundo volumen se encuentra ya en la cocina editorial. El libro había sido publicado por Akal (1.102 páginas, en un solo volumen) y justo estos días han bajado el precio a la mitad, de más de 100 euros a 56. Interesantes procesos para uno de los libros del siglo XX más fascinado por la procesión de mercancías, por el capitalismo como religión.

También ha salido el nuevo libro de Thomas Pynchon, Bleeding Edge, que imaginamos saldrá en 2014 en catalán y castellano. Ahora que Paul Thomas Anderson está filmando o acabando de montar la adaptación de la novela anterior, Vicio propio, el autor-que-no-quiere-ser-fotografiado lleva 50 años, como dice Michael Chabon en una buenísima reseña en el New York Review of Books, “luchando contra la organización ‘Anti-Vida’, la muerte como deshumanización impuesta por vastos y totalizadores sistemas de control". "Y con una alegría abrumadora". Sólo tiene 500 páginas.

Trotta ha traducido y publicado un hito de la filosofía francesa, la Introducción aHegel, de Alexandre Kojève, el sobrino de Kandinsky, más de 600 páginas dedicadas a explicar Hegel a un público entre los que estaban Sartre, Merleau-Ponty, Lacan, Bataille y tantos otros en plena juventud. Aún está sin traducir el libro de 1.034 páginas que Slavoj Zizek dedicó a precisamente a Hegel en 2012, Less than nothing, un fascinante repaso al idealismo alemán pero también algún ejercicio de florete contra el Filósofo Joven, Quentin Meillassoux, donde le tira a la máscara protectora "la conciencia como fósil" y gana a los puntos...

Con Los desarzonados, la séptima parte de Último Reino de Pascal Quignard, la editorial argentina El cuenco de Plata nos enseña estrategias diferentes de publicación de una obra en varios volúmenes: como la primera parte ya se tradujo en España y Argentina por otras editoriales (ganó el premio Goncourt en 2002: Las sombras errantes), ellos sacaron la sexta hace unos años y ahora la séptima, encontrándose con que el autor quiere que la octava sea Vida secreta, que Espasa publicó en 2004. Así este libro en 8 volúmenes ya supera las 2.000 páginas, muchas de ellas fascinantes. Los desarzonados acaba con una de ellas, en su penúltimo capitulo, "De solitudine", donde el autor confiesa tener un optimismo delirante, y cree que siempre tenemos un margen de libertad inexpugnable:
 



Que si bien uno no puede sacar el alma de la órbita de su sol de repetición y reproducción, no sólo es pensable el amotinamiento, sino que también se puede desertar. Que si bien no podemos despojar el deseo de sus ausentes y de sus modelos, de sus simulacros y sus locuras, podemos desfalsificar lo falso, podemos poner un poco de luz en la noche —una luz que entonces proyecta una sombra aún más negra, una sombra completamente nueva, una oscuridad menos sufrida, magnífica, cada vez más surgente.

Luz comparable a la primera luz solar que abre grande los ojos cuando desembocamos en este mundo, en el curso del espanto fundamental de la indigencia originaria.

Luz para leer.

Sigmund Freud decía que el recogimiento en torno a un libro era la única contribución positiva que habían encontrado los hombres en el temible proceso de la cultura" (pág. 284).


 


Uno de estos meses, Días Contados, la simpática editorial barcelonesa, publicará los primeros años del dietario de Pierre Bergounioux, que en francés ocupan 3 volúmenes, total 3.000 páginas, el de Trapiello va por el volumen 18. ¿Qué haríamos sin los grafómanos los lectores empedernidos?!!

José, de Laie Pau Claris