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dimarts, 31 de gener de 2017

La voz del escritor: Ser (o no ser) un cuerpo, de Santiago Alba Rico



http://www.laie.es/busqueda/listaLibros.php?keywords=cuerpo+rico&tipoArticulo=

A mediados de diciembre, bastantes clientes entraban en la librería pidiendo "el último de Alba Rico". Pensé que había salido en la radio o en la tele, porque se establece un tipo de seducción muy potente cuando alguien que tiene cosas originales que decir —y que sabe tanto hablar de modo interesante como escribir de modo interesante (hay casos flagrantes de discordancia entre ambas cosas, como la cantidad de presentaciones de libros aburridas demuestran)— aparece con su cuerpo parlante en el presente inmediato de la conexión, en directo o no.

A veces, basta con una mención, como esta semana con Marco Aurelio en el programa de televisión de Mercedes Milà, y de repente el inmenso libro del emperador romano escrito hace casi 2.000 años cobraba una actualidad inusitada por una recomendación televisiva. Con la perplejidad añadida de que nombraron el libro por el título Pensamientos y no por el más corriente de Meditaciones, situación curiosa en la que el librero ha de convencer al cliente de que el libro que busca es ese mismo aunque no se titule igual.


http://www.ccma.cat/catradio/alacarta/el-mati-de-catalunya-radio/el-capitalisme-a-el-raco-de-pensar-amb-david-fernandez-xavier-antich-i-santiago-alba-rico/audio/943899/


Otras veces, como en el caso de Alba Rico, una voz que habla tranquilamente sobre la violencia del capitalismo, acompañado por David Fernández y Xavier Antich (se puede recuperar clicando aquí) hacía desear más palabras de esa voz, en modo oral o escrito. Entonces Catarata había publicado Penúltimos días. Mercancías, máquinas y hombres. Sobre los efectos del capital, pero ya en esa entrevista mencionaba que en enero saldría su nuevo libro, sobre el cuerpo. Pues bien, ese libro acaba de llegar a las librerías y está francamente bien escrito. Ser o no ser (un cuerpo), publicado por Seix Barral.



En su introducción —que es una maravilla, hacía tiempo que no leía una introducción tan buena a un libro— hay este fragmento, sobre el acto de leer. Recomendamos mucho la lectura de este libro, tan singular en el panorama filósofico.

Págs. 18-19  "Así que escogí un libro de 1500 páginas que me fijara en el sillón como un ancla, engorroso de manejar para que tuviera algo de gran botijo o de gran cazuela y cuya materia estuviera claramente alejada de mi ámbito de trabajo. Durante meses, sí, cuando no estaba de viaje, me he sentado largamente en el sillón de orejas, entre el ordenador y la cocina, y me he leído con heroica paciencia, tomando notas y consultando el diccionario, con ensañamiento y sin esperanza, una obra científica pesadísima, aburridísima, de la que sólo he entendido el 40%, de la que sólo recuerdo el 10% y de la que no me sirve para nada ni una sola línea. Ha sido, por así decirlo, un acto de lectura completamente desinteresado, en el doble sentido de que no esperaba obtener nada de él y de que no me interesaba su contenido. Ha sido un acto de lectura suicida y nihilista, gratuito y autorreferencial; lo mismo y lo contrario que una acrobacia. Se podría decir que he tirado —mientras estallaban nuevas revoluciones, España estaba a punto de cambiar de piel y mi cuenta corriente menguaba sin remedio— seis meses a la basura. ¿Por qué lo he hecho? Bueno, para eso: para promocionar la lectura como puro vicio corporal. Era sencillamente un acto de dignidad: una forma de rebelarme contra el Tiempo o, si se prefiere, a favor de él: un procedimiento imbécil de trazar una frontera tajante delante del ordenador y de proclamar la deuda de mi cuerpo con el Tiempo, de reivindicar el esquema puro del relato como coincidencia en el pecho entre el mundo y la duración. Quería declarar mi superioridad sobre la Historia, mi obediencia al cosmos y mi solidaridad con los pocos cuerpos que aún quedan tirados por ahí. [...] He leído, por así decirlo, mi propio cuerpo como si fuera un fósil de mamut desenterrado de la arena. O —mejor dicho— desenterrado del aire y devuelto por fin a la tierra.

José, de Laie Pau Claris