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dijous, 1 de juny de 2017

Vericuetos de la traducción: el caso Christian Bobin

En nuestro país vecino, Francia, existen tantos escritores que hasta la portera de Cioran se le quejaba de que nadie quería trabajar, sino ser escritor. Era la famosa portera de origen murciano que le enseñó la palabra "aciago".

http://www.laie.es/busqueda/listaLibros.php?pagSel=1&orden=stockfirme%20desc&cuantos=10&autor=christian%20bobin&editorial=&codMateria=&tipoArticulo=L0&utm_source=post%20blog%20christian%20bobin&utm_medium=social&utm_campaign=llibres%20Jose

 Con tantos escritores se puede hacer algo así como una tabla de los elementos, y encontramos casi todas las posiciones de la química de la página: el que nos ocupa aquí es el caso de Christian Bobin, nacido en 1951, cuyo editorial la gran casa Gallimard, la misma de Proust, los Nobel Claude Simon o Le Clézio o Modiano o un montón de premios Goncourt. La escritura de Bobin se propone sobre todo como una escritura ascética. Marcada tempranamente por la muerte de un ser querido, ofrece en numerosos libros una prosa sencilla, despojada y mística, en pos del espíritu invisible que anima tanto a las florecillas como a sus figuras tutelares Francisco de Asís y Emily Dickinson, a quienes dedicó sendos libros. El primero de ellos, de 1992, le dio gran fama y se tradujo en 1997 en la desaparecida Thassalia al español, (en 2016, se republicó como El Bajísimo, en la editorial El Gallo de Oro).

Para un autor que debutó a mediados de los ochenta, las traducciones fueron inicialmente un poco tímidas, en catalán aparecieron Geai (La Campana) y La presència pura (Salobre), y en castellano Autorretrato con radiador y Un simple vestido de fiesta (Árdora, 2006 y 2011) y Las ruinas del cielo (Sibirana, 2012), sobre el mundo de Port-Royal. Durante años sólo hubo estos títulos disponibles para el lector no francófono: mucho no debieron funcionar, porque se hubieran traducido más, pero es cierto que se empezó a generar un runrún, un mensaje de boca a oreja que generó un cierto culto de autor esencial. Lo curioso es que son editoriales pequeñas las que apostaron por él (aunque La Campana ha crecido mucho desde que editó Geai en 1999), cuando en Francia, aunque sus libros también salen en editoriales pequeñas (Lettres vives, Iconoclaste, Fata Morgana), sobre todo lo publica Gallimard. Sus grandes y pequeños temas son el amor, la magia de la infancia, la muerte, la lectura, el valor de lo sencillo, el espíritu en tiempos de penuria... con una gran profusión de flores y pajarillos como protagonistas principales.



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Pues bien, una nueva ola de traducciones de Bobin ha llegado a las librerías y en cuestión de los últimos 2 años, 6 libros más se han sumado a la bibliografía en castellano, y también por pequeñas editoriales —a veces minúsculas y todo, (no offense madame Bergalli). La más que viva (Canto y Cuento, 2016), Negro claro (Sibirana, 2016), Elogio de la nada (Presencia, 2016), Resucitar (Encuentro, 2017), La presencia pura (el Gallo de Oro, 2017) y una nueva editorial, La cama sol, anuncia que a principios de junio publica Un asesino blanco como la nieve


En francés lleva un par de años sin publicar nada, pero ya se anuncia para septiembre Un bruit de balançoire (Iconoclaste). Hice una prueba con un lector y escritor de primera magnitud, y tras leer varios títulos, lo elogió, incluso compró varios más para ofrecérselos a sus hijos —pues en su depuración, su mensaje se ha ido haciendo simple y sencillo como un eslogan—, aunque advirtió "del lado azucarado, sensiblero" por el que a veces corre el peligro de caer, pero también es cierto que nos hemos hecho todos muy duros para su mensaje; citando al gran Pierre Michon: "nos hemos hecho muy duros desde que no creemos en el lenguaje". Desde el Crátilo platónico el aviso de no remover mucho en las palabras por peligro de misología (u odio al lenguaje), se ha traspasado a la búsqueda literaria también, o sea, que encontrar un autor que condensa miel y azucarillos y cara norte de la montaña tampoco está mal, ¿no? *. 

Su biografía nos dice que vive apartado en una pequeña casa en el campo del pueblo donde nació, Le Creusot, pero no es raro verle por televisión. Recientemente le he visto en dos programas diferentes de La Grande Librairie, el programa de Busnel en FR5 (jueves a 20:50h), risueño y encantado al lado de Pennac.

Lo conocí por una amiga que fue de Erasmus a principios de los noventa a Caen. Alguien le regaló Le huitième jour de la semaine (1986) y fue un descubrimiento esa manera de escribir. Desde 1995 he ido leyendo todos sus libros. (Si yo fuera editor, hubiera sacado el libro sobre Emily Dickinson, La dama blanca, que es una preciosidad o el libro de entrevistas, La luz del mundo, por ejemplo).

Una cita, de La grande vie (La gran vida, 2014), p. 17: "El mundo ha asesinado a la lentitud. Y ya no sabe dónde la enterró". Espero que en algunos de los ahora numerosos libros de Bobin traducidos los lectores encuentren algo para ellos, algo que les puede hacer mucha compañía llegado el momento...


                                                                            José, de Laie Pau Claris

* Siento la metáfora pero es que Killian Jornet ha subido dos veces dos al Everest sin oxígeno esta semana...

2 comentaris:

Alicia Martínez Martínez ha dit...

Una aclaración: la edición del 2016 de El Bajísimo es en la editorial El Gallo de Oro, de Bilbao, la misma que ha editado en 2017 La Presencia Pura.

Respecto a la sensibilidad de Bobin, no creo que haya que confundirla con sentimentalismo. Como comentáis, creo que nos da miedo acercarnos al corazón humano, como si allí hubiera algo que pudiera quemarnos. Quizás lo único que pasa es que podemos encontrarnos con nuestra desnudez, con la fragilidad que nos empeñamos en proteger. Bobin creo que nos ofrece claridad y transparencia de lo que somos y no es siempre fácil mirarse en ese espejo.

Soy traductora de El Bajísimo y La presencia pura y os agradezco que deis a conocer las traducciones de Bobin. Merecíamos poder leer su obra.

Un saludo. Alicia Martínez

laie ha dit...

Muchas gracias por la aclaración (ya hemos rectificado el error) y por el comentario. Ojalá que este breve escrito haya suscitado interés por la obra de Bobin. Saludos