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dimecres, 15 de novembre de 2017

Escritos de Yasujiro Ozu



http://www.laie.es/libro/la-poetica-de-lo-cotidiano/1225992/978-84-16529-45-2?utm_source=llibre%20yasujiro%20ozu&utm_medium=social&utm_campaign=recomanat 

Según Wim Wenders, si hubiera algo como un tesoro sagrado del cine ése tendría que ser la obra de Yasujiro Ozu.





Su película Tokyo monogatari (Cuentos de Tokio) aparece en las listas de las mejores películas de la historia del cine. Pero no se trata de una sola película; el tesoro del que habla Wenders lo conforma la práctica totalidad de su filmografía, ya que cada una de las películas del cineasta japonés defiende una misma manera de sentir el cine y por tanto se hace difícil no entenderlas como un todo.

En La poética de lo cotidiano. Escritos sobre cine la editorial Gallo Nero presenta una selección de textos que abarcan treinta años, desde 1931 a 1962. Hay entrevistas y otros escritos. No demasiados ya que, según leemos, le cansaba escribir. Y en ellos habla de experiencias vitales y personales, de los cambios en la sociedad japonesa tras la segunda guerra mundial y de cómo lo ha reflejado en su cine. Habla también de técnica cinematográfica, aunque la mayoría de veces, para poner objeciones: “existe la sensibilidad, no la gramática”. Esa premisa es una constante en el cine de Ozu, la sensibilidad artística: leemos sobre la importancia de las elipsis, de los decorados y objetos escogidos, de los encuadres fijos intensamente poéticos que sirven para pasar de una escena a otra y evitar soluciones más corrientes, como el fundido.

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Hay también esa otra sensibilidad que proviene de la gran humanidad del cineasta y que vemos en los temas de sus películas, en la manera de enfocar los conflictos en las relaciones interpersonales. O, por ejemplo, a otro nivel, en la dirección de los actores, al priorizar la calidad humana por encima de los resultados: “Si un actor no me atrae como persona no me apetece trabajar con él, y llega a no interesarme hacer ese trabajo. Pero si su interpretación presenta algún defecto  y es una buena persona, entonces siento el estímulo de trabajar con él”.

Por último, existe la sensibilidad del  propio espectador, al que el cineasta no sólo apela, sino que estimula, y lo hace a través de medios puramente cinematográficos, reduciendo los componentes dramáticos y potenciando los recursos de sugestión: “ no se trata de contar lo que sea de una forma exhaustiva, sino de mostrar sobre todo el setenta o el ochenta por ciento, dejando lo que no se ve a la sensibilidad estética del espectador”.


Considerado como “el más japonés de los directores japoneses”,  no sorprende encontrar en estos textos un elogio constante de la contención y de las formas “humildes” de expresión. Su poética de lo cotidiano, a la que hace referencia el título, intenta revelarse y ser reconocida por todos los medios. Igual que en el final de El sabor del arroz con té verde , cuando de repente la protagonista rompe a llorar al entender lo que su marido —al que hasta ese momento aborrecía— quiere decir cuando habla de “lo íntimo, lo sencillo y lo familiar”…



Núria, llibretera